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Cenicilla (Leveillula taurica)


 


Esta enfermedad se presenta en climas secos y húmedos, rara vez en climas fríos. La caída de las hojas es más pronunciada cuando la humedad es baja. El patógeno no tiene un hospedero específico; afecta, además de jitomate, berenjena, chile, papa, zanahoria, cebolla, alfalfa, alcachofa y algunas especies de leguminosas, malváceas y euforbiáceas.


En los invernaderos de Morelos se observan manchas cloróticas que con el tiempo se convierten en necróticas, aparecen en la superficie superior de las hojas. Cuando las lesiones son numerosas provocan una clorosis general. En el haz, las lesiones desarrollan una necrosis cubierta de un crecimiento polvoriento de color blanco a gris. La enfermedad progresa de las hojas viejas a las jóvenes y la caída del follaje es un síntoma evidente. Los síntomas más comunes son lesiones verde claro a amarillo intensa, que aparecen en el haz. En el centro de dichas lesiones pueden desarrollarse puntos necróticos, a veces como anillos concéntricos.

Las condiciones óptimas para su desarrollo son temperaturas de 26 °C en promedio y humedad relativa entre 52 y 75 %, sobrevive el invierno en residuos de cosecha como micelio o conidios y como cleistotecios en el suelo. Los conidios forman un tubo germinativo corto que penetra por los estomas, después se desarrolla un crecimiento intercelular en la región del mesófilo inmediatamente después de la penetración.

Los conidióforos emergen a través de los estomas y producen conidios, los cuales son dispersados por el viento. Las condiciones adecuadas para el desarrollo de la cenicilla, son días con temperatura alta y noches frías.

Leveillula taurica

La fase asexual o conidial (Oidiopsis sicula) se caracteriza por formar micelio endofítico, conidióforos hialinos, simples y septados; a veces en grupos de dos a tres conidios individuales y hialinos en forma de punta de lanza. La fase sexual se caracteriza por formar cleistotecios con varias ascas y apéndices micelioides.

Leveillula taurica

El control se realiza por medio de medidas culturales, variedades resistentes y fungicidas. Con los dos primeros métodos el éxito es relativo, por la existencia de plantas silvestres donde pueden sobrevivir indefinidamente, y por su gran capacidad de variación patogénica; en cambio, los fungicidas han mostrado una mayor efectividad, especialmente porque se trata de un hongo de micelio superficial, el contacto directo es inmediato y su acción también. Existen varios fungicidas efectivos como el azufre humectable, myclobutanil, tebuconazole, propiconazole, azoxystrobin, trifumizole y el Bayleton. En las aplicaciones es necesario utilizar de 800-1000 litros de agua y algún asperso-adherente para bañr toda la planta.